San Francisco Esperando el BIG ONE
Apoyada sobre 43 colinas y protegida por una bahía que la rodea de agua por casi to­das partes, San Francisco es una ciudad que ya está en nuestra memoria incluso antes de conocerla. Cuan­do, al llegar, el visitante observa el perfil rojizo del Golden Gate, puede maravillar­se pero no sorprenderse, pues lo ha visto una y mil veces en decenas San Francisco es una ciudad que está en la memoria incluso antes de conocerlade pelícu­las. Después, a bordo de un lento tranvía ascendiendo Hyde Street o cualquier otra empinada calle, inevitable­mente le viene a la memoria algún largometraje cuyo gag principal era una persecu­ción protagonizada por grandes automóviles que su­peraban los pronunciados cambios rasantes de las calles mediante saltos que los convertían por unos ins­tantes en coches voladores; eso sin mencionar la asom­brosa velocidad con que ser­penteaban las curvas de Lombard Street, quizá la ca­lle más empinada del mun­do.

Pluralidad étnica

Pero San Francisco, además de ser visual, maravilla por la variedad humana y la ri­queza cultural de sus barrios, algo no muy habitual en las urbes del Oeste norteameri­cano. Su barrio chino, el co­nocido Chinatown, al que se accede por la espectacu­lar Puerta del Dragón, es, literalmente, un trozo de Asia enclavado en Améri­ca, con periódicos editados en caracteres ininteligibles para cualquier occidental, farmacias con remedios que nada tienen que ver con la farmacopea a la que el esta­dounidense medio está acostumbrado y tiendas con productos vegetales cuyas formas y colores los hacen desconocidos para muchos.qué decir del barrio de Mission, el más antiguo de la ciudad, de marcado ca­rácter latino, donde se suceden las taquerías y las pare­des decoradas con impresio­nantes murales, la mayoría pintados por artistas anóni­mos. O Castro, el barrio gay por excelencia, donde las banderas del arco iris on­dean orgullosas desde ventanas y balcones. También sorprenden las casas victorianas de Alamo Square, salvadas milagrosamente del terremoto de 1906, que tie­nen como fondo el sky line más moderno de San Fran­cisco, presidido por la silueta inconfundible de la Transamerica Pyramid, rascacielos en cuya planta 27 hay un mirador desde donde se alcanzan vistas de la bahía y del océano Pacífico, Golden Gate y Alcatraz incluidos.Todo ello sin hablar de Fisherman’s Warf, antiguo ba­rrio de pescadores, del Par­que Golden Gate, con el de­licado Jardín Japonés, del Civic Center, con su espec­tacular cúpula, del Palacio de Bellas Artes, legado de la Exposición Panama Pacific de 1915, o del MOMA, con un fondo de más de 17.000 obras de arte.

Una ciudad prepa­rada

Y    el caso es que esta ciudad tranquila y polifacética sabe perfectamente que lo tiene todo seguro menos el suelo donde se apoya. Situada so­bre la falla de San Andrés, fue destruida prácticamente en su totalidad por un terre­moto a principios del siglo XJX, posteriormente ha ido sufriendo varios temblores, y los sismólogos hace años que vaticinan la llegada un nuevo terremoto muy po­tente según la escala de Richter, que es conocido ya popularmente como Big One. Pero la gente de San Fran­cisco, Frisco para los amigos, se lo toma con calma; han construido una ciudad pre­parada para combatir los temblores de tierra y se han negado, a vivir condiciona­dos por el temor de algo que no se sabe ni cuándo ni si llegará a suceder. Esta es, al fin y al cabo, una ciudad cosmopolita que gusta vivir feliz. ■

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